domingo, 25 de diciembre de 2011

Feliz Navi-DAR

Es Navidad...

Y cada Navidad, es una nueva oportunidad para renovar nuestra esperanza.
Cada vez que hacemos contacto con la más único e íntimo en nosotros, es navidad. Cada vez que recuperamos la alegría, y compartimos lo que somos y tenemos, desde lo íntimo de nuestra intimidad, es navidad.
Cuando el Niño nos sonríe, en las sonrisas de otros Niños, es navidad.
Cuando el Niño nos mira, en los ojos claros, tristes, confusos, llenos de ilusión, y no apartamos la mirada... es navidad.

Que la Justicia sople con fuerza en nuestros rostros,
Que el Hambre de Paz y el Anhelo de Libertad se meta hondo en nuestro pecho.
Que no nos deje dormir el deseo de tener un mundo mejor...
Porque si el Amor es lo que nos mueve, entonces, estamos haciendo posible que Nazca el Salvador.

Pues el Niño de Belén, ha nacido...
No, en medio de la riqueza del mundo, no en mitad de lo "puro" o de lo "santo"...
Él ha nacido entre los últimos...
Y son ellos los que nos brindan tan buena y gran noticia. ¡Precisamente a través de ELLOS/ELLAS que jamás son noticia!

El Niño está, entre los pastores, aquellos que no son religiosos, aquellas que no son las más beatas, aquellos que nunca pisaron un templo...
Allí, entre las montoneras, en mitad de los barrios con callejuelas malolientes...
Allí ha nacido el Salvador.
No lo busques en las Catedrales, o en pesebres que recrean un pasado que pasó, una iglesia que no volverá, un poder que ya está obsoleto...


¡Búscalo en la calle, búscalo en el boulevard, búscalo en los rincones de la ciudad! En el extranjero, en los que profesan otra creencia religiosa, en los que se indignan ante el mal... Búscalo allí, donde florece el Bien.

El Niño no tiene este día zapatos nuevos, ni cena con pavo o puerco asado...
El Niño está junto a los últimos, los que trabajaron hasta media noche por pocos centavos. Las que se prostituyen por por llevar pan a los hijos...
El Niño está en la otra acera, en la esquina de las que no cuentan,
de las que huelen mal, de los que asustan... de los que son diferentes... El Niño está en la acera de los marginados, de los que por su elección sexual, política, social, y religiosa, son discriminados, discriminadas, tenidos por nada...

El Niño ha nacido, y son los Sabios de Oriente,
y los Pastores de Belén, los que encuentran el camino...
Precisamente, aquellos y aquellas que no son los "moralmente" correctos, los más religiosos, los mejor vestidos, las más bonitas...

Dános, ojos limpios, Señor... Para encontrar el sendero
Para ver la Luz Verdadera, entre tantos flashes fictisios...

Haz nacido, Señor,
y para los que te buscamos
Es un reto encontrarte
Oh Pequeño Escondido,
Oh Niño Dormido
entre los brazos maternales de los que no son nada

Feliz Navi-Dar
Feliz Ver-dad
Feliz Humanidad
Feliz LIBERTAD!!!





PEDRO Emilio Ramírez Ramos
Quebec Foreign Mission Society

lunes, 5 de diciembre de 2011

Miryam, la campesina


El viernes estaba lloviendo bastante fuerte acá en Nairobi. Yo caminaba hacia Kianda, en Kibera, y las calles estaban atestadas de agua y barro por doquier.
Calle arriba, una mamá se cruzó en mi camino. Llevaba un niño pequeño en sus espaldas, y de su frente, sujetada con una larga tira de trapo,  pendía una garrafa de agua. Con su mano derecha cogía un viejo y roído paraguas, que sólo la cubría parcialmente, pero lo suficiente como para que el bebé estuviera seguro. Nuestras miradas se cruzaron por breves instantes, aunque suficientes para retener en mis ojos su rostro, y para que ella mantuviera en los suyos mi saludo. « Takueyna, mama » - le dije. « Igo » - me respondió ella, sonriendo entre divertida y agradecida. Vi al bebé dormir plácidamente bajo la lluvia fría, ajeno al peso que compartía junto a la garrafa de agua en las espaldas de su madre.
El Reino de Dios puede ser comparado a una madre que soporta el peso de la leña en su cabeza, o el peso de las garrafas de agua sobre sus espaldas. Es capaz de caminar horas, e incluso días para conseguir el agua que calma la sed, que produce vida. Camina paciente, sin que nadie la vea, en silencio.  Carga sobre su frente el peso de la leña: para el fuego, para que su familia, sus hijos, no pasen frio. El fuego de la casa, donde niños y animales se cobijan. El fuego materno del amor.  La madre camina bajo el sol inclemente, o bajo la lluvia torrencial; transporta víveres para el hogar, o mercancía para la venta en su cabeza; y en sus espaldas, un niño, y asido de su mano libre, otro niño tal vez, y en su mente y en su corazón, una esperanza: “Mañana tiene que ser mejor” – se dice.
Mientras pensaba en esto, recordé una tarjeta virtual recibida la tarde anterior. Una imagen de la “Siempre Virgen Maria”, vestida de blancas y largas túnicas, con rosas en su pecho, y atuendos de oro sobre su cabeza. Con las manos largas y finas, con los cabellos dorados y una mirada ausente, con los ojos puestos en otro planeta. Y cuando me encontré con aquella madre bajo la incesante lluvia, protegiendo a su bebé con lo poco salvable del paraguas, entonces me di cuenta por qué tal imagen de la “Siempre Virgen María”, me había molestado tanto.
Tanta “pureza”, tanta “beatitud”, tanto “trapo lujoso” encima… Acaso proyecciones de nuestros deseos insatisfechos de poder y supremacía, de dominio y sometimiento de la mujer. O tal vez, una manera de compensar nuestra feminidad negada, ante tanto machismo clerical. ¡Tantas imágenes de María pululan por el mundo! O quizás, ¡tantas caricaturas!, no lo sé.
Que me perdone Miryam, la campesina de Nazareth. Ésa que dos mil años atrás cargaba agua en sus espaldas, leña sobre su cabeza, y un niño en sus brazos. Que me perdone Miryam, la mujer, por propagar “devociones”  ambiguas, que sólo conducen al irrespeto de la feminidad, al sometimiento y a la esclavitud de las mujeres, y a la creencia de lo masculino como única vía santa. Que me perdone Miryam, la profeta de los pobres y excluidos, si llevo rosas y vestidos largos  y joyas a los pies de monumentos que no pueden hablar, mientras a mi alrededor hay niños que mendigan, pobres que mueren de hambre y frío, y mujeres de carne y hueso “que se parten el lomo”  trabajando como obreras en factorías del tercer mundo, para dar “bienestar y progreso” a los del primer mundo.
La “María” de mirada perdida, contrasta con aquella Miryam que ahora pasa a mi lado, ésta lleva los ojos bien fijos en el camino, tiene las manos endurecidas de cayos, y lleva un niño en sus entrañas. “Está en la espera”.  Joven, morena, y obrera. Trabaja barriendo las calles. Lo fértil sólo brota en los  que  trabajan con esperanza infatigable para hacer “que Dios derribe del trono a los poderosos y enaltezca a los humildes”.
El mundo nuevo por nacer, está engendrándose en el corazón de los pobres que anhelan otro mundo posible. Está engendrándose en esa otra iglesia, pequeña, sin poder, humilde, que ha construido su casa junto al pesebre de Belén. Está fecundo ya, en los que han roto con los sistemas autocráticos y teocráticos, en los que han muerto por defender la libertad, la verdad, la belleza, la justicia, la Tierra. El Mundo Nuevo por nacer, está viniendo, está amaneciendo junto “al Sol que nos viene de lo Alto”. El Mundo Nuevo por nacer, está allí, junto a María, la campesina, la vecina de Nazareth, de Kibera, de Tegus, de Kabul, o Damasco; junto a las miles de “Marías”, profetas y trabajadoras, amantes de la paz, la libertad, y la inclusión. El Mundo Nuevo está viniendo de la mano de María, la que lava los carros en el parking, la que plancha y lava ropa ajena, la que cuida niños que no le son propios, mientras los suyos aprenden cómo cuidarse a sí mismos.
Si la "María" de nuestra fe, resulta tan extraña y ajena a la Miryam del Evangelio... ¿Estaremos siendo fieles a la Buena Noticia?
María, Mujer del Adviento, de la Esperanza, de la Lucha… ¡camina junto a nosotr@s!





Pedro Emilio Ramírez Ramos
Quebec Foreign Mission Society
P.O.Box 21654,00505 Ngong
Nairobi, Kenya, East Africa




viernes, 25 de noviembre de 2011

Adviento: Esperanza de un Mundo más Humano


En Adviento renovamos nuestra esperanza… En Adviento, reavivamos nuestro deseo, por un mundo más humano, más fraterno, más hermano. En Adviento, las eternas palabras de l@s profetas, encienden las ganas y las fuerzas para la lucha, para el trabajo, para la búsqueda. Esperamos, pero con paciente impaciencia. Aguardamos, pero con las lámparas encendidas.



Señor que vienes, Señor que te acercas,
Señor escondido a quien buscamos.
Vienes hacia nosotros
Y nosotros vamos hacia ti.
Con el corazón guardado dentro del puño
¡Vamos hacia ti!
Gritando libertad y danzando junto a la justica
¡Vamos hacia ti!
Con los ojos puestos en nuestra meta,
Que es la vida en ti
¡Vamos hacia ti!
En la impaciente esperanza del que lucha
¡Vamos hacia ti!
Unidos en la pluralidad y la multiculturalidad,
¡Vamos hacia ti!
Creyendo en otro mundo posible,
Más allá de cualquier credo, o religión
Más allá de toda frontera o prejuicio
¡Vamos hacia ti!


Ven, pequeño y frágil Niño… No tardes, ven pronto
Que caminamos hacia ti…
Feliz Adviento, Feliz Camino



Pedro Emilio Ramírez Ramos

Quebec Foreign Mission Society
P.O.Box 21654,00505 Ngong
Nairobi, Kenya, East Africa



martes, 15 de noviembre de 2011

Wangari Mathaai by Fr. Roland Laneuville,sme

By Fr. ROLAND Laneuville

Conección Kenya No 15                            


     

Queridos amigos y amigas:                                         



Era loca, insumisa, indomable. He aquí los calificativos que se le atribuyeron muchas veces y que no vaciló en asumir titulando su autobiografía: "Unbowed". Acabo de terminar este libro inspirador. He aquí una Keniana notable: Wangari Maathai. Les hablo de ella con pasión.



Comenzó sobre nuestra calle (¡ en mi estilo hasta digo sobre nuestro terreno!) lo que llegó a ser el Green Belt Movement, lo que le valió el Premio Nobel de la Paz en 2004. Me acuerdo cuando ganó este premio, me había dicho: " es un poco curioso que un premio de la paz sea otorgado a una mujer cuya principal batalla fue de plantar árboles. " Luego comprendí cuando leí que el jurado de Oslo había saludado su combate en estos términos: " la paz sobre la Tierra depende de nuestra capacidad de proteger nuestro medio ambiente. "


Esta loca salvó lo que hace hoy el honor de Nairobi, esta ciudad jardín. Esta loca salvó el parque Uhuru, el pulmón del centro de la ciudad que el ex presidente Arap Moi estaba a punto de cederles a inversores para edificar rascacielos. Esta loca salvó el bosque Karura, en el norte de la capital, que el mismo presidente quería privatizar.



Me encuentro en ella, porque creo que su actitud es la de una verdadera misionera: su competencia de bióloga, ella la puso al servicio de las mujeres analfabetas. Su muerte bien merecía que nuestra pequeña Sociedad misionera la imitara plantando un árbol sobre la calle que ella caminó para salvar la vida del país, particularmente la de los más pobres. ¿ Qué escribimos al lado de la pequeña planta ? Pues bien, una palabra de Wangari: " The little things citizens do will make the difference. My little thing is planting trees. "



Su misma muerte fue una proclamación de aquello en que creía: al pedir ser incinerada (lo que es todavía escandaloso aquí), invita África a disponer de cuerpos de otro modo que con el derribo de bosques para hacer tumbas. Es como si dijera : " Dios puede resucitar un tazón de ceniza tanto como un tazón de polvo. " He aquí mi reflexión de noviembre. Esto no es ni pesimista ni negro; al contrario. " ¡ Perhaps heaven is green! ", decía. No, la corrijo. Digo más bien: ¡ El cielo seguramente es verde!



Tengo la edad de Wangari y me gusta plantar también árboles: los verdaderos y otros que marchan, por ejemplo los futuros misioneros a los que acompaño! Posiblemente algunos se acordarán de que, en el momento de mi 25 de ordenación había presentado la bella película de Fréderic Bach: " El hombre que plantaba árboles ". Para promover el respeto de la creación - como decimos ahora-, mandé a pedir  esta película y voy a hacer la promoción de ella en mi medio. ¡ Será un modo de perpetuar la memoria de la mujer qué también plantaba ! 





sábado, 15 de octubre de 2011

El Evangelio me INCOMODA, por eso estoy...

El Evangelio me incomoda, por eso yo también estoy indignado...!




Kibera, en Nairobi, es un barrio de invasión, con casos de pobreza grandes y escandalosos... Es un barrio de esos que son políticamente "planificados" antes de cada elección. En Kibera abundan situaciones de dolor, y de miseria. Pero también de vida, no puedo negarlo. En medio de la basura, nace la flor. Hay gente solidaria. Hay gente que vive en esperanza.


Por uno de los extremos de Kibera, pasa el tren. A veces camino a través de los rieles cuando me dirijo a la Parroquia Christ the King. Y pienso en eso, en el camino, en lo que el tren de la vida significa para esta gente (y para mí). En Kibera no hay agua potable, y los servicios sanitarios... bueno, ¡ni qué contar! Las aguas negras corren por doquier. Las estadísticas sobre la población de Kibera no son muy claras. Algunos dicen que viven allí alrededor de un millón de personas. Otros dicen que es un poco más. Y otros que son alrededor de medio millón. El problema con las estadísticas y las encuestas depende mucho de aquellos que han encargado hacerla; depende de a quién favorezca o a quién no.


Del otro lado de las vías del tren,  hay un gran campo de golf, cercado por enormes y gruesas paredes. Pero cuando vas caminando por los rieles del tren, en la parte alta, puedes ver el campo de golf, regado todos los días con agua, la grama está verde, y las flores y árboles son altos. Cerca de Kibera hay una gran urbanización también. Las mujeres de kibera son seguramente las que planchan, lavan, cocinan y cuidan los niños y niñas de la gente que vive en estas urbanizaciones. Y los papas de kibera son los que lavan los autos, limpian las calles, botan la basura. El campo de golf está siempre limpio, y muchas veces veo pasar tres o cuatro personas a lo lejos, muy lejos. Pero Kibera no está tan lejos, está ahí a nuestro lado... (De hecho, lamentablemente hay muchas KIBERAS en el mundo...)

Todas estas situaciones abren mis ojos, y le pido a Dios que continue dándome vista. No se trata de no tener campos de golf, o de no tener viviendas dignas, o carro, o moto... O una gran casa con jardines llenos de rosas. No se trata de que la riqueza sea mala. Se trata de que la riqueza es injusta cuando genera pobreza y exclusión. Se trata de que la riqueza hay que repartirla, y distribuirla equitativamente. Y no con la justicia de nuestros intereses, sino como la justicia que perseguía  Jesús de Nazareth.



Muchas de estas personas de Kibera tienen trabajos fuertes, y les pagan una miseria... y aparte de eso, son utilizados por los empresarios, políticos, y aún por nosotros, la gente de Iglesia. Muchos de nosotros, jamás rompemos ese círculo vicioso de la caridad sin justicia y sin misericordia. Y ese es un gran problema. Por qué digo esto? Porque en Kibera trabajan muchas organizaciones, ONGs, grupos de Iglesia... Pero en vez de generar libertad, humanidad, conciencia, y justicia, generan dependencia, servilismo, adulación y más pobreza. Por eso le pido a Dios me de ojos avisores, claros, para discernir lo justo de la sensiblería, la humanidad de las falsas esperanzas.


No digo que no hayan grupos realmente fieles al Evangelio (aún sin conocerlo), que abogan por la paz, la justicia, la fraternidad, la promoción humana, y que lo hacen desde el empoderamiento y la humanización del pobre (que no del "pobrecito"). Sí, hay muchos grupos así.


En esta hora de indignación, también me indigno ante la caridad sin justicia, ante el amor sin esperanza. Podemos hacer de los pobres "etiquetas", sloganes sin contenido. Podemos enarbolar banderas para los pobres, pero sin contar con ellos. Hacer proyectos para ellos, sin ellos... sólo por nuestro beneplácito y auto-idolatría.


Que la indignación toque nuestras comodidades, y nos mueva a pensar diferente. Jesús fue un gran indignado. Le indignó la desigualdad, la injusticia, la exclusión y la explotación de las masas "que vivían sin pastor". Le indignó esa religión sin Dios, moralista, pesimista, y esclavizantes de cultos, normas y ritos vacíos de vida. Jesús le indignó los fatalismos, las censuras, y las desgracias que los poderosos fabrican para los pequeños y desvalidos....


Si el Evanglio, la Buena Noticia de Jesús, no nos incomoda... Si esa Buena Nueva no nos mete prisa ante las injusticias y desigualdades... Entonces, no hemos entendido ni un punto de Su Mensaje.





lunes, 10 de octubre de 2011

Mary, Mother of the Poor


Mary, Mother of the Poor

Existen advocaciones y “advocaciones” con las cuales recordamos a María, la Nazarena que fue madre de Jesús. En los evangelios se nos dice muy poco de ella, casi no “pronuncia” palabra. Además, las pocas voces que los evangelistas colocan en labios de María, están empapadas por la experiencia de Resurrección “de aquellos que fueron testigos de todo”, y por las características de la comunidad a la que la Buena Nueva va dirigida. Es todo un reto pues, intentar dar con el paradero de la María Histórica.
Un hombre no es producto de la casualidad, un hombre y una mujer, son resultado de la combinación fabulosa de múltiples factores: biológicos, sociológicos, étnicos, religiosos… Tenemos condicionantes que nos hacen ser quiénes somos. Somos el resultado de lo que por generaciones y generaciones se ha ido sembrando en aquello que constituye nuestro entorno. Jesús de Nazaret, vivió también estos procesos de aprendizaje y de socialización. Nada lo aprendió por ósmosis, ni le fue inspirado en mágicos acontecimientos. Jesús debió balbucear palabras para aprender a hablar, y esto se llama imitación. Aprendemos por imitación. Hasta que nos volvemos capaces de elegir. Y eligiendo podemos rechazar lo tóxico de aquello que hemos aprendido, y aceptar aquello que es nutricio, y que posibilita nuestro desarrollo y crecimiento.
Si Jesús dijo todo aquello que dijo, expresó todo aquello que sabemos expresó, y vivió de la forma como sabemos vivió, fue porque tuvo sólidas bases en su conformación psíquica y espiritual. José y María, sus padres, debieron haber jugado un papel importantísimo en dicha configuración. Y es allí donde vemos la presencia de María y la presencia de José. Detrás de la mujer que busca la moneda perdida, detrás del sembrador, detrás de la compasión, el amor, y la misericordia, encontramos a María, encontramos a José. La ternura y el cuido por lo pequeño, el amor compasivo por los enfermos y débiles, el amor hecho acción y justicia en aquellos que sufren injusticias… ¿de dónde los pudo haber recibido Jesús, sino del seno mismo de sus padres?
Las huellas de María, la Nazarena, están tras la historia misma de Jesús.
Recuerdo que en una oportunidad me invitaron a facilitar un pequeño taller para hablar sobre la “Virgen María”. En aquella parroquia en particular, estaban tratando el tema de las sectas y el avance del secularismo. El tópico que me correspondió tratar fue “La defensa de María, es la defensa de nuestra fe”. Yo comencé mi pequeña reflexión recitando el Magníficat. Y en ningún momento traté cosas como “defensa”, “dogma”, “sectas”, o algo por el estilo. Creo que los asistentes a la charla no quedaron satisfechos con las ideas que expuse, pues una señora al final me dijo: “La Santísima Virgen María fue elegida desde siempre por el Padre para ser la Madre de su Hijo. Y desde pequeña, la Santísima Virgen María rezaba el santo rosario por la conversión de los pecadores, y por los padecimientos que su hijo sufriría en la cruz”.
Merece todo mi respeto esta señora. Pero me hace ver que podemos vivir en el S.XXI manteniendo un modelo de pensamiento religioso del S.IV. O maduramos, o se nos muere la fe.
En nuestro imaginario religioso podemos proyectar asuntos pendientes, o necesidades, o valores, o deseos. Es un reto pues, hacernos conscientes de todo aquello que proyectamos en Dios, en sus ángeles y arcángeles y en sus santos de mayor o menor cuantía. Los israelitas paisanos de Jesús vivieron también dicha tentación. En momentos de opresión y tiranía, Dios se presentaba para ellos como el “Dios de los ejércitos”. Y Jesús, desmontó todas sus proyecciones infantiles. Y nos mostró que, delante de Dios somos adultos, no simples niños de pecho.
Lo mismo ocurre con María… Vestida de lujos, ataviada de joyas finas…  Con trajes de diseñadores, y peinados de reina de belleza. ¿Es esta la María del Evangelio?
En Kibera (Kenya), me he topado muchas veces con María, la campesina de Nazareth (Sí, porque María fue campesina). Cuando veo la “seño” cargando en su cabeza agua, y en sus espaldas a algún niño pequeño, veo a María, la vecina de Nazareth, Madre de Jesús. Cuando veo a tantas mujeres llevando pesados leños para el fuego, en sus espaldas, me encuentro con María. Muchas veces, a pesar del peso que “María” carga sobre sí, me dice: “Salama”.
Ayer estuve en casa de María. Tiene casi setenta años. Y vive sola. Literalmente, entre la basura. Perdió a sus dos hijos, y desde hace muchos años no sabe nada de aquél que fue su marido. Allí, sentada en aquel rincón de su “casa”, en aquella callejuela de Soweto, en Kibera, “María Rose” cantaba en silencio pero con grandes gritos: “El Señor derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes…”
“María Rose” no habla inglés, sólo kiswajili. Ella me hablaba en su idioma, pero yo la entendía. Sister Clara y Sister Ruth bañaron a “María”. Luego limpiamos su “casa”. Encendimos el fuego. Y “María” nos miró con ojos de ternura y agradecimiento, nos miró con los mismos ojos como nos mira Dios. Sister Clara llevó leche, te y frijoles para “María”, y “María” nos bendijo a la misma hora que el tren pasa a través de Kibera. “María Rose” tenía ayer un vestido “nuevo”. De color fucsia, con un largo abrigo marrón para protegerla del frío. Y unos zapatos deportivos blancos que uno de mis compañeros consiguió para ella. No se parecía en nada a la “virgen” de los altares, pero sé que era María, la verdadera, allí, sentada frente a las brazas del fuego. “Ahí tienes a tu Madre” dijo Jesús al discípulo amado. Y tenía razón. Pues María, la Madre, está ahí, en Kibera, caminando entre el barro y la basura.

Our Lady, Mother of Poor… Pray for us

jueves, 6 de octubre de 2011

Otra "Misión" es También Posible...!!!


Una amiga me pidió el favor de trabajar en el diseño de un logo para la parroquia “Christ the King”, en Kibera - Kenya. Para un extranjero como yo, era un reto, pues implicaba adentrarme en el mundo simbólico y en el imaginario popular-religioso de la gente. ¿Cuáles son los símbolos, los colores, los códigos, con los que la gente identifica el Reino de Dios, el cielo, la esperanza y la vida más allá de las situaciones de muerte?

Comencé por preguntar acerca de los colores… Me acerqué a una señora, catequista de la parroquia.

-          Jesús habló del Reino de Dios. Fue su proyecto hacer un mundo de hermanas y hermanos. ¿Cuál color representa para Ud. el Reino de Dios? y ¿por qué? – le pregunté a Mama Elizabeth.

-          El Reino de Dios tiene que ser… ¡verde! – me dijo – Pues cuando todo está verde, es porque hay agua. Si hay agua, nadie pasa sed. Si hay agua, si las lluvias son abundantes, las siembras dan fruto. Y todo es verde. Y si todo es verde, nadie pasa hambre.

Las respuestas de las otras personas a las que entrevisté fueron más o menos similares. Algunos me dijeron que el “cielo tiene que ser de todos los colores que existan sobre el mundo. Porque un solo color, es demasiado triste. Miles de colores, significan que hay fiesta; y el cielo tiene que ser una fiesta”.

Al final, el logo quedó más o menos así: una cruz de puntas desiguales, jamás perfecta (porque lo imperfecto habla de las diferencias y de las originalidades de cada persona, de cada pueblo, de cada cultura), con un Jesús vestido con manta Masaai (de muchos colores), caminando hacia la cruz (porque Su Reino, se opone a los reinados de este mundo. Jesús no buscó el poder, ni la fama, ni las armas; su “coronación” como “rey” ocurrió en la cruz), por un camino verde, entre montañas de esperanza, a pesar de la muerte…

Curiosamente, le pregunté a una amiga misionera mejicana, sobre el color del Cielo. “Es azul” – me respondió. Fue la única, entre todas las personas a las que entrevisté, que me contestó de esa forma, es extranjera como yo. En español no solemos distinguir entre Sky and Heaven, como si lo hace el Inglés…  Sky es el cielo de las nubes sobre nuestras cabezas, y Heaven es el Cielo, lugar de “residencia” de Dios

Hay un proverbio Africano que reza más o menos así: “Donde otros sólo miran, hay siempre mucho más que mirar”.

¿Interesante, no? Es que cuando miramos las cosas, y los acontecimientos, a primera vista, vemos sólo lo superficial, pero más allá, siempre hay algo más.

Cuando mi amiga me pidió el favor de trabajar en el diseño de un logo para “Christ the King”, pensé que podría ser fácil. Pan comido, como decimos. Pero resulta, que yo estaba pensando desde mi realidad, mi cultura y mi experiencia. Sin tomar en consideración el contexto y la vida misma de las personas a quienes se dirigía el logo.

Hace unos años, en Caracas, visité una familia. En el barrio “La Cruz” de “Los Rosales”, muy cerca de “La Bandera”. En aquella casa había cinco niños de diferentes edades. La mayor tendría quizás unos once o tal vez doce años. Ella estaba haciendo las labores de la casa, limpiando, haciendo la comida, y atendiendo a los más pequeños. Otro de los niños, un varón de nueve años, estaba cargando agua desde la pila comunitaria. Y la mamá de todos ellos, estaba acostada en una gran cama, viendo la televisión. Era casi mediodía. El rancho no era muy grande. El olor, mezcla de comida rancia y orines era repugnante. Me sentí enojado. ¿Cómo era posible? Los hijos, la casa en ese estado, la hija haciendo las labores que ella debía hacer? “Qué madre tan irresponsable” – pensé. Pues fue lo que vi a primera vista. La señora esa, ni siquiera se sentó para atendernos. En el rato que duramos allí, estuvo bien acostadota  en la cama. Salí de allí bien enojado. Cuando llegamos al colegio Fe y Alegría, lugar de reunión luego de las visitas a los hogares, la hermana Paulina me preguntó si habíamos visitado a María “X”. “Claro… qué madre tan irresponsable aquella” – iba a decirle. Pero la Hermana Paulina, afortunadamente, no me dio tiempo de decir nada. Ella me dijo: “María “X” ha sido representante de la escuela desde hace años. Ella perdió a su esposo hace año y medio. Era colector de autobús, y lo mataron. A María le detectaron cáncer hepático, está postrada en una cama. Sobrevive gracias a la bondad de otras madres de la escuela”.

“Hay mucho más que mirar, donde otros solo ven”…

Hay algunos que piensan que ser cristiano, y que ser misionero, es solamente viajar, dar catequesis, o entrar a casas o lugares extraños. Algunos piensan que ser misionero es ir celebrando misas, bautizando a la gente, o preparar a los niños para la primera comunión, la primera confesión, la primera… ¡Nada más alejado de la realidad! “Hay mucho más que mirar”.

Yo creo que ser misionero es tener los ojos, los sentidos bien abiertos, para darnos cuenta de que hay una realidad mucho más amplia de la que estamos acostumbrados a ver. En Kenya, donde vivo, diariamente me doy cuenta de ello. Tenemos vecinos musulmanes, detrás de nuestra casa tenemos una iglesia pentecostal, tenemos pastores y pastoras de iglesias anglicanas, y otras muchas iglesias de religiones autóctonas africanas. Al ser misioneros, no pretendemos que los demás crean en la forma como creemos, o que celebren la vida, y se dirijan a Dios de la forma como nosotros lo hacemos. Ser misionero es mucho más que eso. Es encontrar el punto común donde todos y todas descubrimos que somos hermanas, hermanos, ciudadanos de un mismo mundo, de un pequeño pueblo llamado planeta tierra. Ser misionero es tener un pensamiento global, abierto, y tolerante, respetuoso de todo aquello que es diferente y al mismo tiempo sagrado para los otros. Ser misionero es dejarse tocar por la conciencia del otro, y asombrarnos por la maravilla que, como seres humanos, somos.

Estuve un par de meses en un proyecto misionero al sur de Kenya, en la frontera con Tanzania. Tierra Masaai, en plenas faldas del Kilimanjaro. En el patio de nuestra casa en Ilpartimaro, veíamos al atardecer las gacelas y avestruces. Y en la noche, podíamos escuchar el susurro de las hienas. De vez en cuando los elefantes pasan por allí, espantando a la gente… cuando andan en busca de agua. Namanga se llama esta zona, y está seca actualmente, no ha llovido en meses. Los animales sufren, y sufren las personas. Pero la poca agua que tenemos, es el agua de la que todos bebemos. Un pozo al que las personas y los animales se acercan a beber.  Lo importante es que todos somos criaturas, y debemos co-existir en armonía. Ese pozo es para mí, símbolo de lo que es la misión. Trabajar juntos para encontrar el pozo común del que todos podamos beber, no importa si eres musulmán, ateo o cristiano. Lo importante es darnos cuenta que ese pozo de vida, que ese manantial, es el de la justicia, el del amor, la libertad y la esperanza. Sólo acercándonos a ese pozo, aceptando las diferencias y superando los miedos a lo diferente, podremos construir el Reino por el que Jesús luchaba. Sólo en ese POZO está la vida, sólo en ese pozo “todo es verde. Y cuando todo es verde, hay comida para todos, y todo es una fiesta”.

Conocemos el mundo parcialmente. Conocemos el mundo desde las parcelas que han construido para nosotros: la cultura, la sociedad, la religión, la educación. Vemos al mundo desde la óptica de nuestras costumbres y razones. Y resulta que afuera, hay miles de expresiones, miles de costumbres y hábitos diferentes, maravillosos, hermosos. Algunos nos podrán chocar, algunas formas de vida podrán ser cuestionadas en razón del grado de humanidad que brinden; pero son producto de tradiciones y de respuestas ante la vida que son plenamente válidas. Existen millones de forma de celebrar, de danzar, de reír, de vivir los duelos y las tristezas, de cortejarse, y hasta de "hacer el amor". Existen miles de millones formas de dirigirse a Dios(a), de invocarle, de rogarle, y de celebrar junto a Él o Ella, la vida, el amor, la justicia y la libertad. En ese pozo de vida… donde todos convergemos, con nuestras diferencias, vamos a beber de la esperanza, vamos a saciar la sed de la fraternidad, de la amistad y de la fiesta. Dios nos quiere libres, responsables y corresponsables de nuestra vida, nuestra historia, y nuestra Madre y Hermana Tierra. Sólo así, seremos auténticamente, misioneros de fe, de alegría y de esperanza.

P.D. Los Masaai son un pueblo nómada, de tradiciones que se remontan a miles de años. Son un pueblo de pastores. Para los Masaai, God (Dios) es Enkhai, que significa: La Madre que todo lo ha creado.









martes, 27 de septiembre de 2011

Vicente de los Pobres







Eres más que una estampa.
Eres más que una imagen de yeso, sin piel, sin sentimientos…
Eres una voz, que prestó oído a la Voz
Encarnada en el que se queda afuera,
En la que,  parada junto a los escalones del templo, extiende sus manos  hacia el incierto…
Eres más que una figura envejecida, con cara de abuelo tranquilo sentado en un sillón de seda…

Tú clamas aún junto aquellos, junto a aquellas,
Que lloran entre los barrancos de las ciudadelas, que venden su cuerpo por un pedazo de pan,
Que deambulan ebrios de dolor, de olvido, y de pena…

Eres acción que prestó sus manos al Hacedor
Y que no se quedó a contemplar sagrarios de oro, o plata o bronce,
Sino al Sagrario Viviente en el pequeño, en la olvidada,
En esa que no cuenta en estadísticas, porque jamás tuvo escuela.


Contemplaste a Cristo en los pobres,
Y los pobres te hicieron humano y hermano de a de veras.
Eres hombre de carne y de hueso, hermano Vicente de los pobres
Eres palabra que supo apalabrarse en La Palabra,
Que nos llama a construir Justicia, que nos llama a vivir en Fraternidad,
Que nos invita al banquete solidario, a la fiesta de bodas de la vida sencilla, que nos quiere felices en Libertad.


Oh, hermano Vicente…
¡Cuán urgente te nos haces hoy, en este mundo de ambigüedades!
Para gritar la hipocresía de los Grandes que aprisionan a los Chicos,
Para denunciar esa mal convenida forma, donde la ley del más fuerte
Está por encima de la vida, del amor, y de la paz.
¡Multinacionales que crecen a pasos agigantados en los países pobres,
Donde a las obreras y obreros les dan sólo sobras y migajas!
Epulones que crean miseria tras miseria, y luego se lavan las manos
En la sangre misma de los Lázaros hambrientos…


Y aún nosotros, hermano Vicente, aún nosotros…
Hacemos pobres por doquier, los tenemos por slogans, y nos tomamos fotos
Sonriendo en la miseria que otros sufren,
Poniendo nuestra mejor pose para la revista o el diario digital, o la propaganda misionera.

Sí, hacemos pobres, y los utilizamos para calmar nuestras conciencias
En este círculo vicioso de caridad sin misericordia, y de misericordia sin justicia…
Hacemos eventos grandísimos para los pobres… Les damos de comer, les damos de beber, les damos de vestir…. ¡Pero siguen siendo pobres! No porque sean pobres, sino porque para nosotros son “pobrecitos”, una raza diferente, sólo un manojo de apetitos.
Caridad sin justicia, desorganizada, de sólo dar pan….

Fabricamos pobres cuando callamos, o cuando sólo nos quedamos en la periferia
Viendo sólo lo evidente, juzgando a aquella, a la que es diferente,
O señalando con el dedo al que se queja… Pero sin ir más allá, Vicente… Sin ver más allá de lo concreto.
Eres más que una estampa
Eres hombre de fe, de manos campesinas, de rostro acrisolado por el sol, por el viento y por la arena…

Te necesitamos hoy, Vicente de los Pobres…
Los pobres te necesitan hoy…
Tú, hombre orante en la acción, camina junto a nosotros
En estas calles donde mora y sonríe tu Señor.

martes, 13 de septiembre de 2011

Bienaventurados los Pequeños!!!


El tráfico estaba insoportable aquella hora pico. Y yo, sentado en mitad del bus abarrotado de gente, literalmente atrapado entre aquella vespertina peregrinación vehicular y los cientos de semáforos de la Avenida Central.


Mi cabeza abarrotada de pensamientos, con ganas de tener superpoderes para cambiar aquél caos usual.


- Parece que hay un accidente, señores – le escucho gritar al chofer. - ¡Esto será para largo!
Una mujer suspira a mi lado, mientras un niño comienza a llorar a mis espaldas.


“Es que cuando uno va tarde, el mundo se le pone en contra” – pienso yo, mientras unos chamos se montan en el bus vendiendo golosinas y galletas. Nos cuentan la misma historia de siempre: ´tamos sin trabajo, y como ´s preferible sé honrado a robar, ´mos venido a promocionar estas ricas y deliciosas galletas…
Y luego, el bla, bla, bla… de que nadie les contrataba, que si no podríamos comprar el producto, señores, colaborennnos con lo quepuedan que una moneda no enriquce ni empobrece a naide...
Cierto, eran bien chamitos; a esas horas, en vez de estar vendiendo galletas y golosinas, ¡deberían estar saliendo de la escuela o haciendo sus deberes en casa!


Pero bueno ¡qué tráfico tan terrible! Y aún debía pasar por el cajero para poder imprimir las hojas que me faltaban del trabajo a entregar esa tarde en la Uni… ¡Santo Dios, qué calor!


Para entretenerme, reviso las guías, y le doy vueltas y vueltas una y otra vez a la dinámica de la noche con la que tendré que iniciar mi exposición: “Desde el punto de vista sistémico, la sociedad está constituida por modelos…”


- ¡Ey! Es por acá. ¡Señor déjeme acá en la parada! – le grito al chofer del autobús, mientras recojo de sopetón mis libros y mis notas - ¡Déjeme aquí!


Tengo a todo el mundo en contra” – discurro encrespado. El estómago me cruje. Y me duele la cabeza, como si mil elefantes estuvieran bailando reggetón en ella. Y de paso, al llegar al banco, veo aquella tremenda fila en el cajero automático. Al fin es mi turno, pero la señora delante de mí repite una y otra vez la operación. “Bueno, pero ¿qué le pasa? Qué le dé chance a otro. Que meel turno a – me digo con rabia. Y en mis expectativas catastróficas me imagino que no me servirá la tarjeta o que ya no tendrá plata el cajero, o que tal vez me robaron el dinero que tenía disponible en la cuenta.


Me siento confundido; algo me pasa, algo necesito, pero no sé qué es… Me equivoco al introducir la clave; repito la operación; ¡no, esa clave no es, yo la cambié el mes pasado! – cavilo; hasta que, por fin, doy con clave correcta y tengo acceso a mi dinero.


Entro a un cyber-café. Imprimo las hojas. ¿Qué es lo que me pasa? – me examino otra vez. Pregunto dos veces la hora a una misma señora. La doña me mira con recelo. Yo camino a la parada de bus, para esperar el colectivo que me deje más cerca de la Uni.


Reviso las guías una vez más. El estómago me cruje. ¡Por supuesto! Si a estas horas, casi las cuatro de la tarde, y no he almorzado – digo con resignación para mis adentros - Y es ahora que me doy cuenta de ello. Identifico así lo que me pasa; entonces me empiezo a relajar. Pero una nueva preocupación emerge enseguida: ¿Y si llego tarde a clases? Chequeo la hora. Dispongo de 30 minutos. Suficientes.


Me detengo en un Mac Donald´s; aunque no estoy conforme, pero es lo único que se encuentra en la vía y es rápido. Ordeno la hamburguesa. Me siento. Y afuera veo a los chamos de las galleticas y las golosinas, vendiendo. “Seguro los van a sacar de aquí”. A través de la ventana, les veo hacer cuentas. El mayor saca un montón de monedas de sus bolsillos. Ellos son ahora el centro de mi atención.


Entran los dos al interior del local, con sus golosinas y galletas. El menor con la cara sucia y en chancletas de goma, el mayor en franelillas y con una gorra naranja descolorida y vieja, que dice: España ´82. ¿Qué hubo en España en el ´82? – me pregunto. Una muchacha les advierte a los niños que no está permitido vender allí. Ellos se ríen, y le enseñan el dinero. Y de pronto, pasan frente a mí, con sus “cajitas felices” y sus helados, y sus vasos de promoción del mundial de futbol de South África. Se sientan en un mesón contiguo al mío, con las manos embarradas en salsa de tomate, y con la bandeja llena de servilletas.´


Comen papitas fritas sumergidas en salsa. Y ríen sin preocuparse del mundo; ríen ajenos de las miradas de los curiosos, que cómo yo, se preguntan quiénes son éstos, de dónde han venido, cómo viven, quiénes son sus padres, cómo llegaron aquí. Uno de los chamos tendrá, cuando mucho, trece, el otro once o doce años. El más alto le hace señas al más pequeño. Se ríen. Y sus risas paralizan el mundo; sus risas son como un golazo de Messi en el último minuto; son como el correr de miles de gacelas libres en la sabana, que retumban del saliente al poniente.


El niño más alto sale del local, mientras el más pequeño saca una vez más cuentas. En minutos, otro chamo de su misma edad y condición está sentado, comiendo realmente feliz con ellos.


No son las cajitas o hamburguesas las que alegran el corazón – medito para mis adentros – sino la fraternidad y la alegría que se comparte y se celebra, lo que nutre la vida.
Se hizo tarde para mi clase, pero no me importa ya. Esa parábola de vida, de frescura y de solidaridad, es más valiosa para mí que un millón de libros juntos.


Felices los pobres porque saben compartir. Felices los pobres que descubren que el milagro de la multiplicación es posible sólo desde lo pequeño. Felices los pobres que rompen con las barreras sociales y se saben dignos de sentarse en la mesa que otros han construido sólo para los ricos. Felices los pobres. Ellos trastocan las reglas del mundo. Ellos son Palabra y Metáfora Viviente del Evangelio.