jueves, 24 de marzo de 2011

Romero


Romero

El fusil no temblaba en aquellas manos compradas por la sangre.
Sólo sus dedos temblaban de sudor,
Contando los cuatro reales del sueldo de la muerte.
¿“Otro muerto”? Poco importaba,
Sus ojos ya estaban rojos del clamor de tantas víctimas
Su sangre no estaba en él,
En esa mano vil y traidora,
En aquella arma eficaz y primermundista
- porque en el sello de fabricación se leía “USA” –

Su sangre no estaba en él, solamente,
Sino en “ellos”,
En aquellos que ordenaron el momento, el día, y el pretexto.
¿“Uno más”? cientos de miles eran ya los arrebatados de sus cuerpos.
Pero este no era “uno más”.
Al contrario, era a la tumba, “uno menos”
Porque la voz de aquel profeta de fuego
Hablaba por mil y diez mil:
“Les suplico, les ruego, les imploro...
les ordeno en nombre de Dios
¡Cese la represión!”.

Y el sonar de la muerte en metralleta
- la que tiene el sello “made in USA” –
se dejó escapar por todos los rincones de aquel pueblo.
Y la sangre del Profeta
Recorrió volcanes y selvas y poblados
Y voló hasta los andes
Y se sembró en la tierra
Engendrando hijos paridos para la próxima fiesta.

Aquella mañana de viernes santo
De nuevo y obligado viernes de pena
Un veinticuatro de marzo
Tu voz intentaba ser callada.
Mas, en el silencio de aquella hora de llanto y desespero
Tu sangre se elevó a los cielos
Implorando clemencia
Ordenando justicia.
“Si me matan, viviré entre el pobre pueblo humillado”.

No lograron callar tu voz
No. No. ¡No!!!
No lograron opacarla
Tu muerte fue un grito de libertad exigida
Una noche que se deshoja entre dos noches:
La noche fatal de tu muerte
Y la vigilia de la Pascua definitiva.

Tu sangre engendró fuertes hijos
- aunque en apariencia los “made in USA” parezcan ser más fuertes -
y fuertes hijas.
Y, lamentablemente, más mártires inocentes con corazones sin brillo.

Entre los pobres quedaste
Oliendo a resurrección temprana
¡Oh Profeta del Viento
concédenos la valentía de no callar tu última homilía!

Parece que los poderosos son más fuertes que nosotros.
Parece que el fin ha llegado para nuestra historia.
Parece que la hora de la muerte Latinoamericana al fin ha llegado.
Parece...
Pero entre las sombras de esta turbia tristeza
Se alza la Luz del día nuevo bendito
Su Gloria se alza ante nosotros
Aunque no lo veamos aún.
“El Espíritu nos llevará en las alas de la utopía”
¡Oh, Pastor y Mártir nuestro!
Ruega por nosotros!!!
24Marzo2001

sábado, 12 de marzo de 2011

El Sagrario donde no Estás


Sal, Señor de los “sagrarios”
En donde te hemos recluido…
Baja de allí, de los nichos
De los altares…
Sal de las sacristías,
De las catedrales oscuras a donde te hemos reducido…
Porque hemos secuestrado tu Palabra,
Dejando a un lado la Buena Nueva Liberadora,
Alegre, Confiada…
Hemos dejado a un lado la Palabra de Fiesta,
Con Sabor a Primavera, con Aroma a Mañana recién amanecida.
Hemos reducido tu Palabra, para sólo predicar
Normas, preceptos, y mandatos - ¿tuyos?
Hemos quitado la carne a Tu Mensaje,
El Amor y la Justicia a tu Voz,
Contentándonos con realizar actos sacramentales,
Oraciones sin vida, salmos sin esperanza, danzas
Que dan espalda al Sol y ocultan el rostro a la Brisa

¡No nos preocupan tus pobres, Señor!
No nos cuestionan la vida…
No nos preocupa el diferente, la marginada, el discriminado…
No nos ocupa ni la Tierra, ni la Verdad, ni la Belleza, ni la Alegría…
Sólo nos preocupa aquello que forma parte de las estadísticas:
Los bautizados, los confirmados, los casados, los… los.. los…

¡Rompe, Señor! de nuevo el sepulcro
En el que te hemos arrojado
Sal de la noche con la que te hemos cubierto
Echándote encima nuevas mortajas:
Tejidas de beatitud, de pureza, de inmortalidad y divinidad…
Hablamos tanto sobre Ti, Señor…
¡Pero no repetimos con fuerza y a viva voz tu Mensaje!
En tu Nombre hemos construido mausoleos, ermitas, oratorios…
Y allí, te hemos encerrado,
Esclavizando tu cercanía, tu compañía, tus sentimientos, tus sueños.
Te hemos encerrado
Como alguna vez fue encerrada en urnas de mármol la voz de los profetas.

El velo del lugar santo que Tú rompiste en dos
Para mostrarnos la Libertad y la Fuerza del Espíritu,
Hoy lo hemos cocido, remendado,
Y colocado sobre nuevos lugares santos,
Sobre nuevas cosas santas, sobre nuevas personas santas,
Sobre nuevos santos de los santos

Sí, Señor
Ven de nuevo a la tierra
Ven de nuevo otra vez
Resucita del sepulcro de esta iglesia envejecida
De esta iglesia con artrosis
Rompe la cuerda que los de arriba han tejido sobre los de abajo
Y que tu Voz represada, se escuche en el grito de tantas y tantos
Que actúan en el Bien sin conocerte, que aman sin medida, que trabajan infatigablemente
Para hacer junto a ti, tu Reino.
Rompe, Señor, el cerco de la censura
Con que hemos enmarañado de mil formas la frescura de tu Evangelio:
Los lazos de la ley, de la tradición perpetua, de la rigidez moral
Y la inmoral creencia de pensar que somos los únicos salvados y salvadores.
Ven pronto, Señor
Y con tu Voz
Levanta de los escombros
Levanta de los sepulcros
A todos los olvidados,
A todas las excluidas,
A todos los silenciados,
A todas las rechazadas,
A todos los marginados
A todas y todos los profetas que hemos asesinado de múltiples formas
(a veces sin espada)
En tu Nombre

Ven, Señor
Levántate pronto… Rompe el Silencio
Sal del sagrario… Sal de todos los sagrarios del mundo,
Y danos la fuerza y el coraje para poder reverenciar y alabar,
No aquello que está fuera de este mundo,
Sino nuestra propia Verdad desnuda a tus ojos,
Nuestra propia historia sagrada y bella,
Desnuda y pobre
Redimida y transformada
En ti
En ti…

Amén